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San Clemente Romano
Papa y Mártir
Es el tercer sucesor de San Pedro, después de los
papas San Lino y San Cleto. Clemente fue el autor
de la Epístola a los Corintios,
escrita hacia el año 95. Se trata del único escrito
que se conserva del Santo, y es la primera obra de la
literatura cristiana, además del Nuevo Testamento, de
la que consta históricamente el nombre de su autor, la
situación y la época en que se escribe.
Clemente de
Roma, Clemente
Romano o San
Clemente I, fue un
cristiano insigne de finales del siglo I,
uno de los llamados Padres apostólicos por
haber transmitido el "eco vivo" de la predicación de
los apóstoles de Jesús
de Nazaret. Fue obispo
de Roma, y ya
aparece en la lista de obispos compilada
por Ireneo de Lyon,
quien lo llamó el "Tercero después de los Apóstoles" y
le dedicó un espacio considerable.
Los
primeros sucesores de San Pedro en la Sede
de Roma fueron; según testimonia la Tradición: Lino
(hasta el año 80) y Anacleto, también llamado Cleto
(80-92). Después de ellos, cuenta San Ireneo, en
tercer lugar desde los Apóstoles, accedió al
episcopado Clemente, que no sólo vio a los propios
Apóstoles, sino que con ellos conversó y pudo valorar
detenidamente tanto la predicación como la tradición
apostólica. Fue San Clemente, por tanto, el cuarto de
los Papas. Como parece querer indicar San Ireneo, este
Santo Vicario de Cristo fue un eslabón muy importante
en la cadena de la continuidad, por su conocimiento y
por su fidelidad a la doctrina recibida de los
Apóstoles.
Se suele situar la
elección de Clemente en el año 88 y
su muerte en el 97.
En cambio, el "Liber
Pontificalis" le
asigna nueve años de episcopado en tiempos de los
emperadores Galba y Vespasiano,
mientras que la cronología
de Eusebio de Cesarea (Historia
eclesiástica III,
15) y la Biografía que trazó Jerónimo de
Estridón (Vir.
ill. 15) sitúan su
muerte en el tercer año del reinado de Trajano,
es decir, en el año 101. Por su carácter de obispo de
Roma, la Iglesia católica lo
considera su tercer papa.
Johannes Quasten en su libro Patrología I, se
refiere a la vida de San Clemente respecto a su fecha
y ubicación en la sucesión de Pedro en los siguientes
términos: "Sobre su
ministerio y pontificado encontramos que; según la
lista más antigua de obispos romanos legada a la
posteridad por San Ireneo, Clemente fue el tercer
sucesor de San Pedro en Roma. Ireneo no nos dice
cuándo empezó Clemente su pontificado, ni tampoco por
cuánto tiempo gobernó la Iglesia. El historiador
Eusebio, que menciona igualmente a Clemente como
tercer sucesor de San Pedro, fija el principio de su
pontificado en el año doce del reinado de Domiciano, y
su fin en el tercer año del reinado de Trajano; o
sea, que Clemente habría sido Papa desde el año 92 hasta el
101.
Nada dicen los más antiguos escritores
eclesiásticos sobre su muerte, aunque el Martyrium
Sancti Clementis, redactado entre los siglos IV y VI,
refiere que murió mártir en el Mar Negro, entre los
años 99 y 101.
Poco antes
de morir, Clemente debió de redactar su "Carta a
los Corintios", que es uno de los escritos mejor
testimoniados en la antigüedad cristiana, pues fue muy
célebre y citado en los primeros siglos.
Sin duda que el hecho más importante de su pontificado
es esta Carta dirigida a la Iglesia de Corinto,
desgarrada por la discordia, donde los llama a la
obediencia del obispo de Roma. Es el documento papal
más antiguo, después de las Cartas de San Pedro. Esta
Carta es llamada "Primera epifanía del Primado
Romano", y el obispo Dionisio de Corinto la veneraba
como a la Biblia.
¿Cuál fue el final de la vida de San Clemente? La
tradición lo presenta como mártir. Parece ser que, por
orden de Trajano, fue desterrado al Quersoneso, en la
actual península de Crimea. Allí dos mil cristianos,
también desterrados, trabajaban con él en las canteras
de mármol. San Clemente empezó a consolarlos. Todos
acudían a él: "Ruega por nosotros, Clemente, para que
seamos dignos de las promesas de Cristo". Y él les
decía: "No por mis méritos me ha enviado a vosotros el
Señor, sino, por los vuestros, para hacerme también a
mí partícipe de vuestras coronas". Más tarde,
continuando con la
tradición, se difunde que Clemente fue arrojado al mar, y
que le habrían atado una pesada ancla al cuello, para ser
sumergido en las aguas.
Por otro lado también hay historias donde se relata
que Los santos eslavos, Cirilo y Metodio, en el
pontificado de Nicolás I (858-867), trasladaron el
cuerpo del mártir desde Quersoneso a Roma, y lo
colocaron bajo el altar de la Basílica de San
Clemente, templo a él dedicado, y uno
de los templos más antiguos de Roma, situado entre el
monte Celio y el Esquilino.
Se
venera a San Clemente como mártir, pero los autores
más antiguos no mencionan su martirio, y no hay datos
del todo fehacientes al respecto. No se sabe muy
exactamente dónde murió. Tal vez durante su destierro
en Crimea. Sin embargo, es muy poco probable que las
reliquias que San Cirilo trasladó de Crimea a Roma, a
fines del siglo IX, hayan sido realmente las de San
Clemente, aunque dichas reliquias fueron depositadas
bajo el altar de aquella Basílica de San Clemente, en
Roma.
Curiosamente
además; dos ciudades latinoamericanas se disputan el
poseer los restos de San Clemente: Las ciudades de
Mérida en Venezuela y la de Linares en Chile. (En
el índice ver
CHILE
Nº 02).
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