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Santo Tomás de Aquino
Proclamado Doctor
de la Iglesia el 11 de abril de 1567 por el Papa San
Pío V.
Santo Tomás de Aquino nace en el Castillo de Roccaseca
(Italia) el año 1225. Murió en la Abadía de Fossanova
el día 7 de marzo de 1274 cuando iba de camino al
concilio de Lyon. Fue canonizado el 18 de julio de
1323 por Juan XXII. El 11 de abril de 1567, San
Pío V, lo declaró Doctor de la Iglesia. El 4 de agosto
de 1880, León XIII, lo proclamó Patrón de todas las
universidades y escuelas católicas.
Tomás de Aquino fue teólogo y filósofo. Hijo de una de
las familias aristócratas más influyentes de la Italia
meridional, estudió en Montecassino, en cuyo
monasterio benedictino sus padres quisieron que
siguiera la carrera eclesiástica. Posteriormente se
trasladó a Nápoles, donde cursó estudios de artes y
teología y entró en contacto con la Orden de los
Hermanos Predicadores.
En
1243 manifestó su deseo de ingresar en dicha Orden,
pero su familia se opuso firmemente, e incluso su
madre consiguió el permiso de Federico II para que sus
dos hermanos, miembros del ejército imperial,
detuvieran a Tomás. Ello ocurrió en Acquapendente en
mayo de 1244, y el Santo permaneció retenido en el
Castillo de Santo Giovanni durante un año. Tras una
queja de Juan el Teutónico, general de los Dominicos,
a Federico II, éste accedió a que Tomás fuera puesto
en libertad. Luego se le permitió trasladarse a París,
donde permaneció desde 1245 hasta 1256, fecha en que
obtuvo el título de maestro en teología.
Durante estos años estuvo al cuidado de Alberto Magno,
con quien entabló una duradera amistad. Les unía
además del hecho de pertenecer ambos a la Orden
Dominica; una visión abierta y tolerante, aunque no
exenta de crítica, del nuevo saber greco-árabe, que
por aquellas fechas llegaba masivamente a las
universidades y centros de cultura occidentales. Tras
doctorarse, ocupó una de las cátedras reservadas a los
Dominicos, tarea que compatibilizó con la redacción de
sus primeras obras, en las cuales empezó a alejarse de
la corriente teológica mayoritaria, derivada de las
enseñanzas de San Agustín de Hipona.
En
1259 regresó a Italia, donde permaneció hasta 1268 al
servicio de la corte pontificia en calidad de
instructor y consultor del Papa, a quien acompañaba en
sus viajes. Durante esos años redactó varios
comentarios al Pseudo-Dionisio y a Aristóteles,
finalizó la "Suma contra
los gentiles", obra en la cual repasaba
críticamente las filosofías y teologías presentes a lo
largo de la historia, e inició la redacción de su obra
capital, la "Suma
Teológica", en la que estuvo ocupado entre 1267 y
1274 y que representa el compendio último de todo su
pensamiento.
Tomás de Aquino supo resolver la crisis producida en
el pensamiento cristiano por el Averroísmo,
interpretación del pensamiento aristotélico que
resaltaba la independencia del entendimiento guiado
por los sentidos y planteaba el problema de la doble
verdad, es decir, la contradicción de las verdades del
entendimiento y las de la revelación.
En
oposición a esta tesis, defendida en la Universidad de
París por Siger de Brabante, afirmó la necesidad de
que ambas fueran compatibles, pues, procediendo de
Dios, no podrían entrar en contradicción; ambas
verdades debían ser, además, complementarias, de modo
que las de orden sobrenatural debían ser conocidas por
revelación, mientras que las de orden natural serían
accesibles por el entendimiento; filosofía y teología
son, por tanto, distintas y complementarias, siendo
ambas racionales, pues la teología deduce
racionalmente a partir de las premisas reveladas.
A
medio camino entre el espiritualismo agustiniano y el
naturalismo emergente del Averroísmo, defendió un
realismo moderado, para el cual los universales (los
conceptos abstractos) existen fundamentalmente "in
re" (en las cosas) y sólo formalmente "post
rem" (en el entendimiento). En último término,
Tomás de Aquino encontró una vía para conciliar la
revalorización del mundo material que se vivía en
Occidente con los dogmas del Cristianismo, a través de
una inteligente y bien trabada interpretación de
Aristóteles.
Desde
1369, el cuerpo de Santo Tomás de Aquino descansaba en
el Convento de los Jacobinos, en Toulouse, Francia. En
1791 los Dominicos abandonaron el lugar y
transportaron sus restos a la Basílica de San Sernin,
también en Toulouse, pero regresaron en 1974, durante
el séptimo centenario de su muerte, dejando nuevamente
sus restos en el Convento de los Jacobinos.
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