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Israel - El Sepulcro de María - Valle de Cedrón
La Virgen María
es una de las mujeres más famosas de la Historia. Las enseñanzas de
su Hijo superaron en importancia a todos los hechos de su propia
vida, pero su biografía constituye una de las crónicas más
grandiosas sobre el amor de una madre. En nuestros días, resulta muy
difícil encontrar piezas arqueológicas que hayan podido tener
relación con la Virgen Madre de Jesús, pero existe un lugar que
según la tradición siempre ha estado vinculado a ella. Hay una tumba
al pie del Monte de los Olivos, en el Valle de Cedrón de la ciudad
de Jerusalén, en la que cuenta la tradición que fue enterrada María.
Averiguar el
lugar dónde fue sepultada la Santísima Virgen María tiene sobre todo
valor histórico y arqueológico, pero fundamentado principalmente en
la fe humana. Es necesario recordar que el Dogma de la Asunción sólo
nos obliga a creer que María está en cuerpo y alma en el Cielo,
aunque no tome en cuenta si hay un sepulcro, si éste está vacío, o
inclusive, si el sepulcro está en algún lugar u otro.
En cuanto al sitio de
la sepultura, el sepulcro de María
Santísima es uno de los muchos que había en Getsemaní, al pie del
Monte de los Olivos.
La Biblia no
ofrece ningún dato específico respecto de la muerte de María. La
última vez que la menciona es en Jerusalén, donde relata que solía
reunirse para orar en una casa, acompañada por los hermanos de
Jesús, los discípulos, y algunas mujeres piadosas (Hechos 1:12-14).
La presencia de María en Jerusalén durante esta época se debe a que,
al morir Jesús, los apóstoles y demás seguidores se instalaron allí
(Lucas 24:49) y esta ciudad se transformó en sede permanente de los
primeros cristianos (Hechos 5:16), ya que aguardaban allí la
aparición del Reino de Dios.
El Sepulcro de María
en el Valle de Cedrón en las cercanías de Jerusalén es, según
la antigua tradición eclesiástica de los cristianos ortodoxos, el
lugar "donde fue puesto el cuerpo de María", madre de Jesucristo. El
sepulcro se encuentra a los pies del monte de los Olivos, cerca de
la Basílica de Getsemaní. Según la Tradición católica María no fue
sepultada allí sino habría "ascendido a los cielos".
En el lugar se
construyó una iglesia en el siglo IV, que fue reconstruida de nuevo
por los cruzados en el siglo XII, después de que Saladino la
destruyera durante la conquista de Jerusalén. La cripta no fue
dañada y se conserva desde entonces, dado que María también es
honrada en el Islam.
La iglesia actual
es greco-ortodoxa y apostólica armenia, si bien también se permite
venerar a ortodoxos coptos, a sirios ortodoxos y a etíopes
ortodoxos. Tras la fachada, por medio de una escalera de mucha
pendiente, se
puede descender a la tumba. Además, también se encuentran en el
mismo sitio las tumbas de sus padres, Joaquín y Ana, y de su
marido, José.
Junto a la entrada de
la iglesia se encuentra el ingreso a la gruta de la Traición, de los
católicos, donde presuntamente se produjo la detención de Jesús.
Según una tradición de
Jerusalén, la Dormición de María tuvo lugar en la monte de Sion. Así
lo recuerda la Iglesia católica de la Abadía de Hagia María.
(En el índice ver: ISRAEL Nº 07).
El Valle de Cedrón,
que separa la parte vieja de Jerusalén del Monte de los Olivos, se
caracteriza por su paisaje áspero y singular, al que da su típico
aspecto una pedregosa y áspera colina punteada sólo por unos pocos
olivos y uno que otro matojo de hierbas.
El interés del valle
radica en que por él pasó muchas veces Jesús. La ocasión más
señalada es cuando fue del Cenáculo al Monte de los Olivos en la
noche víspera de su pasión y muerte.
Cruzando el torrente
Cedrón, el primer monumento que se aprecia a la izquierda al pie del
Monte de los Olivos es la Iglesia de la Asunción erigida sobre la
tumba que recibió los restos mortales de la Santísima Virgen. Según
las tradiciones, desde esta Tumba fue llevada al cielo, para no
estar sujeta a las consecuencias del pecado, a la corrupción de la
carne. Por lo tanto, María sólo probó la tumba, pero no se quedó en
ella; su tumba se convirtió en el lugar santo de su Asunción
gloriosa al Cielo.
La decoración actual
del lugar, con lámparas de aceite parpadeantes y varios iconos,
confiere a esta iglesia cierto aire de misterio y de antigüedad que
indica que pertenece a la corriente cristiana oriental.
La muerte y la
Asunción de María al cielo es descrita en los relatos apócrifos como
"La Transición de la Virgen" o "Dormition de María". En esos
escritos se unen tradiciones de la iglesia primitiva desde la era
apostólica, incluyendo muchas referencias simbólicas típicas de la
comunidad Judeocristiana, razón por la cual fueron desechados
durante mucho tiempo. Sin embargo igualmente dan testimonio de la
veneración de este lugar desde el siglo II, momento en que fue
transformado en santuario.
La primera
iglesia, una capilla de campo, fue construida hacia el siglo V y
consagrada por el Patriarca de Jerusalén Juvenal (422-458) justo
después del Concilio de Calcedonia (431). Fue entonces cuando se
construyó una nueva Iglesia sobre la tumba de María, quedando
visible la cripta en la cual fue venerada la Tumba de la Virgen.
La Asunción de María
en cuerpo y alma al cielo al final de su existencia terrena, fue
definida como un artículo de Fe, el 1 de noviembre de 1950.
El Magisterio de
la Iglesia, solamente señala que María fue ascendida en cuerpo y
alma a la Gloria Eterna, al terminar su vida terrenal. No niega su
mortalidad, ya que este hecho no niega directamente la Asunción,
pero tampoco la afirma.
Fue el Papa Juan
Pablo II quien, en 1997, en una de sus acostumbradas catequesis
semanales, se pronunció sobre esta controversia teológica
sosteniendo que la madre de Jesús sí murió, y que por lo tanto debió
experimentar en su propia carne el drama de la muerte, como toda
criatura humana.
El Papa
justificó su afirmación en tres motivos:
El primero,
porque toda la tradición de la Iglesia siempre ha sostenido que
María fue llevada al cielo luego de morir. La larga lista de los que
sostienen la muerte de María, tiene entre sus representantes a San
Epifanio, San Ambrosio, San Jerónimo, San Agustín, San Juan
Damasceno, Santo Tomás de Aquino, y muchos más... Sólo a partir del
siglo XVII comienza a hablarse de la inmortalidad corporal de María.
El segundo
motivo es que, si María no hubiera muerto, estaría por encima de su
Hijo Jesucristo, que tampoco tuvo pecado, pero también murió: ¿cómo
no iba a morir María?
El tercer motivo
es que para resucitar, primero hay que morir. Si María no hubiera
muerto, no habría podido ir al encuentro de su Hijo y de todos los
santos que primero murieron y luego resucitaron.
El Papa concluyó
que María sí murió, como todo ser humano.
FUENTES
de texto e imágenes al final de esta página.
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